Fanfictions, historias inspiradas en celebridades o personajes que los aficionados desearían que vivieran ciertas hazañas que el autor no se atreve o no tiene en mente describir.
A pesar de que puedan llegar a ser el debut de nuevos escritores geniales, es probable que se conviertan en propulsores de profunda admiración a una literatura de una calidad no ideal.
Una buena historia siempre va a ser atractiva, pero a mi criterio, y siempre lo menciono cada vez que me preguntan qué considero importante a la hora de escoger qué no me gusta de un libro: el estilo del autor.
Tengo que mencionarlo aunque escandalice a las fanáticas de alma y corazón de Christian Grey; no entiendo esta trilogía, pero E.L James se las arregló e hizo de una historia vacía un gran negocio, incluso la considero una excelente disipadora de vergüenza; pues este libro es tan popular que no es extraño ver a alguien en un lugar público devorando la novela erótica.
Esta popularidad llegó hasta los oídos de mi padre, quien en una librería me dijo que tenía ganas de comprar esa novela de la que todo el mundo hablaba. Yo no puedo expresar la intensidad de mi alarma ante esa situación y luego la cara de mi desorientado papá después de haberle explicado de qué iba 50 sombras de Grey.
Con más de 31 millones de copias vendidas alrededor del mundo, la trilogía posicionó a la autora británica en el primer lugar de la lista Forbes de los autores más ricos del año 2013: Y pensar que todo comenzó con un tributo a la saga Crepúsculo.
Con la película anunciando su estreno y varias amigas gritando de emoción por la expectativa y releyendo los (caros) tres libros, expreso mi preocupación por el futuro de la literatura si este tipo de obras se vuelve más y más rentables con el tiempo, ¿nos estamos volviendo conformistas literarios progresivamente?

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