martes, 19 de agosto de 2014

Libros juveniles y gramática: una ligereza peligrosa

Existen libros para todos los gustos, sin embargo, es frecuente observar que existen algunos, que a pesar de que tienen una gran demanda (mayormente del público joven), no resultan ser lecturas fructíferas.

Estoy totalmente en desacuerdo cuando alguien desestima el valor de un libro simplemente por ser un bestseller, pues existen diversos aspectos más importantes a la hora de juzgar al libro; si bien es cierto, últimamente el público joven ha sido un fuerte consumidor de literatura juvenil, es alarmante ver cómo estas lecturas no producen una mejora significativa en sus habilidades comunicativas.

Una parte de mi alma muere cada vez que alguien que se jacta de haber leído infinidades de textos, escribe 5 errores ortográficos por frase, y es algo muy propio de mi; una de mis bandas favoritas me genera "sentimientos encontrados" por la misma causa (¿cómo pueden hacer música tan bella y escribir tan horriblemente al mismo tiempo?) y pienso que a medida de que una persona va escalando niveles académicos más altos, el asunto de la mala ortografía se vuelve aún más grave.

¿A quién culpar? ¿Al escritor mediocre o al lector conformista? Esta pregunta es más difícil de lo que parece, ambos llevan una carga pesada de este problema. Hablando como lectora, afirmo que es imprescindible que cada quien elija dentro de todas las historias ligeras, al menos una que exija más atención y análisis. Mi conclusión de la raíz de este problema es la siguiente: El lector hizo un barrido con sus ojos, se emocionó y leyó el libro entero en un día para enterarse del cuento y fin de la historia.

Si creo que todos los libros tienen algo que aportar, tal vez el conflicto nazca de una ligereza peligrosa. 

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