miércoles, 2 de marzo de 2016

El chapuzón del ministro

El ministro para la Energía Eléctrica se despertó temprano el 3 de marzo. Estaba en el estado Bolivar, hogar de la central hidroeléctrica más grande de Venezuela. Desplazó todas sus guayaberas rojas. Ya había utilizado una para observar en solitario las líneas que indicaban los metros de agua que no tenía. Pero este era un día especial, hoy iniciaría el operativo "Agua Bendita".

Reunió a un grupo perteneciente a Corpoelec, la Armada y la Guardia Nacional, él mismo era uno de ellos. Ese día fue al trabajo en bermudas y crocs pues ese no sería su atuendo estelar para su declaración en el único canal de televisión convocado. Su equipo de prensa capturó los momentos. Se puso un traje de buzo de estampado de camuflaje, lentes, chapaletas y se guindó un tanque de oxígeno en los hombros.

Su traslado en lancha lo grabaron desde la orilla. Sentía el viento soplar sobre su rostro. Lo que estaba a punto de hacer era vital, iba a sumergirse 30 metros en el famoso Guri para corroborar que la primera toma de agua estaba a 11 metros de la superficie. Lo comprobó.

Salió del embalse, se secó la cara con una toalla y en la misma lancha se devolvió. Se aseguró de dejar funcionarios castrenses custodiando la reserva de agua para evitar esos constantes saboteos. Ahora sí podría hablar con propiedad del Guri, no sólo lo había pisado, todo su ser ya estaba impregnado de él. "Estiraremos su vida útil hasta mayo, que vienen las lluvias y se vuelve a llenar", calculó.

Se despidió del agua bendita y se volteó dejando en el estado Bolivar la amenaza de un colapso eléctrico para finales de abril intacta.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Crónica de un sueño

No se sabe cómo sucedió exactamente, ni el motivo, pero Sofía, una estudiante universitaria mientras conducía el carro de su padre acompañada de sus colegas cayó en un repentino y profundo sueño.

 Eran las 5:23 cuando su frente hizo un áspero recorrido desde el volante hasta unas piernas ajenas que se estremecieron únicamente por un sobresalto aparentemente carente de significado trascendental. El auto no aceleró más, aún cuando el chico de cabello corto y oscuro que esperaba fuera de un edificio de Lago Mar Beach, abrió la puerta y entró en él, aún cuando las motos que habían acelerado a toda máquina una vez, repitieron curiosamente el recorrido disminuyendo la velocidad. 

-Chama, paráte pues, vamonós - gritó la dueña de las piernas donde yacía el torso de la joven. Pero no despertó ni con cachetadas, ni con cosquillas. Allí estaba Sofía, despeinada, con la frente rosada y expresión serena, respirando, sin escuchar, ni ver, ni sentir. Sin embargo, su preocupación fue más fuerte que su parálisis; si los motorizados pasaban de nuevo, "estaban listos" y sólo restaban unos pocos minutos antes de que el impetuoso y ahora terrorífico sonido se volviese a acercar. 

Fue entonces que su voz se hizo escuchar, pero no salía de su boca, sus labios seguían paralizados y sus ojos cerrados. Una corriente de aire denso tornasolado portaba las palabras provenientes de la universitaria: -No los puedo llevar, por favor, hagan algo- suplicaba, sin embargo en ese momento empezaron a unirse ligas estiradas de voces formando un enredado nudo casi imposible de deshacer. El auto continuaba aparcado, la muchacha inconsciente y los demás exaltados, cuando Emiro, el mayor de todos, le replicó a la voz que necesitaba llegar a su casa y que Sofía se lo estaba impidiendo. Furiosa y a gran velocidad, la corriente de aire viajó de nuevo al cuerpo de la veinteañera, haciendo que cobrara de nuevo la energía para acelerar el carro. Como si se tratara de un mal pacto con fuerzas sobrenaturales, el pie de Sofía oprimió con el peso de un yunque el pedal. 

Había transcurrido apenas 10 minutos y todos estaban aliviados de haber salido del peligroso punto, no obstante la piloto se encontraba en un extraño trance. El auto seguía en marcha, más rápido que nunca haciendo que la pandilla gritara con un terror indescriptible que deformaba sus caras. 
El alboroto fue tan escandaloso que finalmente la persona que los creó se despertó, abriendo súbitamente los ojos en una oscura, silenciosa y segura habitación. Miró a su alrededor y pudo volver a respirar tranquilamente.

jueves, 28 de agosto de 2014

Literatura infantil sin etiquetas combatiría el bullying


¿Alguna vez habían pensado en las repercusiones que acarrean las etiquetas "para niños" o "para niñas"? Es algo tan cotidiano que a duras penas se puede percibir. Es por esta razón que campañas como Let Books be Books (permite que los libros sean libros) nacen.


Puede decirse que ésta es una extensión de la campaña Let Toys be Toys (permite que los juguetes sean juguetes) y en su página web explican su objetivo: "Le estamos pidiendo a los editores de libros infantiles quitarle las etiquetas "niños" y "niñas" a los libros y permitir a los niños escoger libremente qué tipo de historias o libros de actividades les interesan.

En Reino Unido, esta campaña ha sido bastante popular, no obstante en Venezuela, probablemente no muchos padres cuestionen esta diferencia que trazan las editoriales. Es interesante el concepto que predican: No es bueno que los niños piensen que colorear flores o robots es algo impropio sólo por su género, de hecho se habla también de conservar la apertura de las mentes de los niños y dejar que escojan de acuerdo a sus verdaderas preferencias para disminuir perjuicios y por consiguiente, el bullying.

Resulta bastante alarmante que se hagan por ejemplo, libros de cocina sólo para niñas. Imagínense a un niño que quiera hornear una torta y decorarla; inmediatamente recibiría algún comentario o mirada de rechazo, lo peor es que probablemente sea de sus padres. De la misma manera sucede con las niñas, recuerdo a una de mi colegio que se mantenía en los chismes de todas las demás por su afición a las cartas de Yu Gi Oh, hoy pienso que si hubiese parado de jugar con ellas sólo por esos comentarios, posiblemente pasaría un buen tiempo debatiéndose qué debería hacer para poder encajar y es algo que a nadie le pesaría, un robot más siempre es aceptado e inadvertido por los demás   

De ser tomado en cuenta muy seriamente, Let Books be Books podría representar un salto para una sociedad más receptiva, creativa y ¿por qué no?, productiva. Sería espléndido observar a las generaciones futuras desarrollándose sin límites absurdos. Yo quisiera que mis hijos encontraran su talento y su pasión para explotarlo a su manera sin tomar en cuenta su género y no pienso que sea una locura este razonamiento. 


domingo, 24 de agosto de 2014

50 sombras de Grey: ¿Conformismo literario?

Fanfictions, historias inspiradas en celebridades o personajes que los aficionados desearían que vivieran ciertas hazañas que el autor no se atreve o no tiene en mente describir. 

A pesar de que puedan llegar a ser el debut de nuevos escritores geniales, es probable que se conviertan en propulsores de profunda admiración a una literatura de una calidad no ideal.
Una buena historia siempre va a ser atractiva, pero a mi criterio, y siempre lo menciono cada vez que me preguntan qué considero importante a la hora de escoger qué no me gusta de un libro: el estilo del autor.

Tengo que mencionarlo aunque escandalice a las fanáticas de alma y corazón de Christian Grey; no entiendo esta trilogía, pero E.L James se las arregló e hizo de una historia vacía un gran negocio, incluso la considero una excelente disipadora de vergüenza; pues este libro es tan popular que no es extraño ver a alguien en un lugar público devorando la novela erótica. 

Esta popularidad llegó hasta los oídos de mi padre, quien en una librería me dijo que tenía ganas de comprar esa novela de la que todo el mundo hablaba. Yo no puedo expresar la intensidad de mi alarma ante esa situación y luego la cara de mi desorientado papá después de haberle explicado de qué iba 50 sombras de Grey.

Con más de 31 millones de copias vendidas alrededor del mundo, la trilogía posicionó a la autora británica en el primer lugar de la lista Forbes de los autores más ricos del año 2013: Y pensar que todo comenzó con un tributo a la saga Crepúsculo.

Con la película anunciando su estreno y varias amigas gritando de emoción por la expectativa y releyendo los (caros) tres libros, expreso mi preocupación por el futuro de la literatura si este tipo de obras se vuelve más y más rentables con el tiempo, ¿nos estamos volviendo conformistas literarios progresivamente? 


martes, 19 de agosto de 2014

Libros juveniles y gramática: una ligereza peligrosa

Existen libros para todos los gustos, sin embargo, es frecuente observar que existen algunos, que a pesar de que tienen una gran demanda (mayormente del público joven), no resultan ser lecturas fructíferas.

Estoy totalmente en desacuerdo cuando alguien desestima el valor de un libro simplemente por ser un bestseller, pues existen diversos aspectos más importantes a la hora de juzgar al libro; si bien es cierto, últimamente el público joven ha sido un fuerte consumidor de literatura juvenil, es alarmante ver cómo estas lecturas no producen una mejora significativa en sus habilidades comunicativas.

Una parte de mi alma muere cada vez que alguien que se jacta de haber leído infinidades de textos, escribe 5 errores ortográficos por frase, y es algo muy propio de mi; una de mis bandas favoritas me genera "sentimientos encontrados" por la misma causa (¿cómo pueden hacer música tan bella y escribir tan horriblemente al mismo tiempo?) y pienso que a medida de que una persona va escalando niveles académicos más altos, el asunto de la mala ortografía se vuelve aún más grave.

¿A quién culpar? ¿Al escritor mediocre o al lector conformista? Esta pregunta es más difícil de lo que parece, ambos llevan una carga pesada de este problema. Hablando como lectora, afirmo que es imprescindible que cada quien elija dentro de todas las historias ligeras, al menos una que exija más atención y análisis. Mi conclusión de la raíz de este problema es la siguiente: El lector hizo un barrido con sus ojos, se emocionó y leyó el libro entero en un día para enterarse del cuento y fin de la historia.

Si creo que todos los libros tienen algo que aportar, tal vez el conflicto nazca de una ligereza peligrosa. 

lunes, 28 de julio de 2014

Una telenovela negra

Mauricio Antonio había buscado a su novia Topacio Andreina en su Mustang rojo. Topacio era una peluquera que había ganado gracias a su carisma el afecto de la comunidad a pesar del historial de sus ancestros. Escuchó el rugido del motor del auto anunciándole la llegada de su amor. Se puso sus zapatos de tacón alto de color negro, se dio un último vistazo en el espejo y salió de su humilde apartamento al encuentro.

Mauricio Antonio no tocó la corneta, la esperaría una eternidad. Durante esos minutos pensó en su fortuita unión; Topacio Andreina era la única, lo supo desde el momento en el que fue a buscar a su ex prometida al salón de belleza y percibió en esos ojos marrones llenos de misterio y promesa la llegada de ese sentimiento indescriptible del que hablaban sus cuates.

Al ver esos ojos, Mauricio Antonio comprendió que no había conocido el verdadero amor, su compromiso con Debora Sofía era una locura que debía ser detenida en ese mismo instante y así lo hizo, rompió su pacto dejando un amargo e insoportable dolor en el pecho de su ex novia. Trató de no pensar en ello, pues el destino así lo había querido, pertenecía a esa mujer de pelo abundante oscuro y sonrisa rota.
La puerta del carro se abrió por sorpresa reprimiendo la ola de pensamientos que empapaba a Mauricio Antonio, su perfume se infiltró en el aire que encerraba el Mustang y aún con la puerta abierta compartieron un beso de pura e inmaculada adoración que duró hasta que un destello creciente impactara en su contra acompañado de una bocina ininterrumpida, que sólo alcanzó para anunciar la desgracia cuando ya no había más nada que hacer.

Él despertó en el hospital, sólo estaba su abogado acompañándolo, puesto a que su familia estaba en Europa. Patricio José había trabajado toda su vida para ellos y Mauricio Antonio lo consideraba un tío más. El abogado, con lágrimas en los ojos observó la angustia de su cliente, no obstante, intentó mantener su voz serena para reconfortarlo.

-¿En dónde está Topacio Andreina?, ¿cómo está?, ¡debo verla en este intante!- exigió.

-Mauricio Antonio, lamento darte esta noticia, pero considero que lo más justo para ti es que sepas la verdad- se aclaró la garganta - Topacio Andreina fue la más afectada del accidente y me temo que no podrá caminar jamás.

Todo el ser de Mauricio Antonio se llenó de ira y desesperación. Comenzó a mover su torso y sus brazos de forma impulsiva y violenta y gritó:

-¿Por qué? Dios mío, ¿por qué? Topacio Andreina no merece esto, nunca ha podido tener una vida feliz, Dios, ¡arranca mis piernas y dáselas a ella!

El llanto de Patricio José se volvió más impetuoso luego de escuchar esas palabras y tuvo que sentarse y esperar un minuto para que su voz no se quebrara. Volvió a levantarse y esta vez le confesó la verdad a Mauricio Antonio.

-Hijo, era lo que esperaban que dijeras- mencionó mientras tomaba la mano del exacerbado muchacho.

El abogado explicó entre sollozos su loca estrategia para que no tomara el asunto con el pesimismo de quien no desea más vivir.

-Eres tú quien ha quedado minusválido.

Y un silencio áspero y contundente reinó la habitación.

sábado, 15 de marzo de 2014

Asco de vida: El señor Augusto.



Hoy iba a ser el primer día que lograra conciliar el sueño temprano, pero algo que me contó una amiga de lo que presenció hace unas horas me lo arrebató, así que decidí escribir acerca de ese señor, imaginé su historia, que si bien no es ésta, es otra más válida. Sueño con una sociedad que comprenda lo humano de cada quien.

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El señor Augusto se despertó temprano. Posó ambas manos sobre el colchón aplicando la fuerza necesaria para sentarse lentamente en el borde de la cama. Su esposa, Helena continuaba durmiendo en calma, su pelo gris medianamente largo formaba ondas sobre su almohada, como siempre, tan pacífica, la imagen le recordó al mar, sereno y destellante. Sonrió.

Se fue arrastrando las pantuflas azules que cubrían la mitad de sus pies hacia la cocina a preparar el café. Observó como el líquido marrón se separaba del polvo a través del colador manchado de siempre y supo lo que pasaría a continuación.

El olfato de Helena nunca fallaba, aún dormida reconocía el aroma que encantaba su cotidianidad. Sacaron de la alacena dos tazas, sirvieron el café y encendieron el televisor desde su sofá, apostado a una distancia considerable del aparato. El noticiero ya estaba al aire y como siempre, lo escuchaban.

Rosita, la lora pedía a gritos que la liberaran de su encierro nocturno. Helena buscó las semillas que le daban de comer y Augusto, quien tenía la suficiente confianza con el ave, abrió la puerta de la jaula y adentró su mano. La lora amarró con sus patas su dedo índice, bajó la cabeza al pasar por el agujero y recibió con satisfacción las caricias de su amo. Desde ese momento rondaba libre dentro de la casa hasta que cayera la noche.

Los esposos compartían la misma pasión por el pan recién salido del horno, por esa razón, el señor se dirigía a una panadería vecina casi todos los días. Se puso su pantalón caqui con el cinturón literalmente en la cintura, una camisa de rayas verdes, sus zapatos marrones más cómodos, peinó los cabellos que rodeaban con una circunferencia su calva y roció en su cuello y brazos ese perfume que parecía molestar a todo el mundo, menos a su esposa. 

Sabía que no tenía dinero en efectivo y por eso caminó hasta el cajero automático. Ya en la fila, con tres personas por delante se dio cuenta de que había olvidado sus lentes, no obstante, no se preocupó, se las arreglaría. Al llegar al frente de la pantalla, introdujo su tarjeta, como escuchó que ordenaba la voz proveniente de la máquina, pero por más que entrecerrara los ojos, para él la pantalla no formaba más que sombras azules, y ni hablar de los botones de abajo. Miró hacia atrás y estudió los rostros de exaltación o de aburrimiento que portaban las personas que le procedían. Los dos muchachos que seguían inmediatamente luego de él, lo miraban expectantes.

El anciano sintió la presión de todos los ojos que se fijaban en su espalda, se volvió hacia los muchachos, que tenían pinta de no necesitar sus escasos ahorros de profesor jubilado y pidió amablemente que le ayudaran con la transacción.

No podían negarse, y luego de marcar los números que les dictó y otros botones, le informaron que había ocurrido un problema.
Augusto se hizo a un lado y dejó que los jóvenes hicieran la operación que habían ido a hacer. Reflexionó; era la tarjeta correcta, y el día anterior, su hijo Marcos había comprobado por internet que todo estaba en orden. Los muchachos se fueron velozmente y llegó el turno de una mujer de unos 40 años, quien voluntariamente se ofreció a volverlo a intentar por él.
—Se lo agradezco—dijo Augusto entregándole la tarjeta. La señora manejaba rápidamente el cajero, podía notar que lo usaba frecuentemente.
—Dice que la contraseña es incorrecta—afirmó la mujer—la voy a volver a pasar, si no le importa. Repitieron el procedimiento, esta vez ella marcó los números leyéndolos del papelito que guardaba Augusto en su bolsillo, sin embargo obtuvieron el mismo resultado.  

La señora lo supo de inmediato, pero al anciano hubo que informárselo. Tanto cuchicheo y actitud sospechosa de los que tenía al frente mientras oprimían más botones de los necesarios y se ocupaban de tapar bien la pantalla no había despertado su malicia, pues ni un billete salió de la ranura, él se había fijado bien.
Pensó en el ocio y la bárbara perversidad que habría impulsado a esos dos canallas a cambiar su contraseña, “burlándose del viejo” mientras, sin su autorización dos lágrimas corrían por su mejilla ante un público atónito.
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